Dormir es tan vital que, si uno está despierto durante más de 70 horas seguidas, puede morir, asegura Víctor Manuel Rodríguez Molina, académico del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM.
“Si hay privación total de sueño en ese lapso, todo el organismo se encuentra en un estrés supremo. Hay una descarga excesiva de sus sistemas adrenales, del cortisol. Y se va a alterar la función del corazón, del riñón, de los pulmones, lo cual puede provocar la muerte”, afirma este especialista en funciones del cerebro.
Sin caer en tales extremos, el sueño se considera uno de los tres pilares fundamentales de la salud, el bienestar mental y emocional -junto a la alimentación saludable y el ejercicio físico regular-. La forma en que nos sentimos mientras estamos despiertos depende, en parte, de lo que ocurre mientras dormimos.
El mal descanso genera efectos neurológicos no sólo temporales, sino también perjudiciales a largo plazo. A su vez, puede debilitar el sistema inmunológico, provocar enfermedades crónicas y generar problemas de memoria y falta de concentración.
Los trastornos del sueño no son una patología grave en sí misma, pero tienen serias implicaciones en la vida diaria: agotamiento físico, bajo rendimiento, sueño diurno, dificultad para cumplir con las obligaciones profesionales, familiares o sociales.
Se manifiestan como: insomnio, hipersomnia, narcolepsia, ronquido y apneas del sueño, parasomnias y otros trastornos, síndrome de las piernas inquietas, terrores nocturnos, pesadillas y sonambulismo.
Según un estudio realizado por la consultora Voices! y WIN International en 2023/24, Argentina es el segundo país que mayor estrés registra dentro de 39 países, siendo un indicador que empeora año a año.