Nicole Marcuzzi —escritora de 33 años y creadora del emprendimiento Human Creative House— anunció que iba a cambiar su smartphone por un “teléfono tonto” o dumbphone, de los que solo permiten realizar llamadas y enviar mensajes de texto. “Tardé más de seis meses en tomar esta decisión, pero por fin la tomé”, explicó.
La alarma se encendió en 2025 durante una charla con su ahijada de diez años. La nena le contó acerca de sus hobbies —coleccionar figuritas, tocar la guitarra y aprender japonés— y Nicole se dio cuenta de que ella no tenía ninguno. “Tengo una empresa online y trabajo de manera remota con otras siete personas de las que solo veo sus avatares. Todo lo que hago es estar metida en el metaverso y, por fuera, mis capacidades creativas están completamente anuladas”, pensó.
A partir de ese momento empezó una búsqueda que derivó en una decisión concreta: dejar el teléfono inteligente y pasarse a uno básico y sin internet. El objetivo no es huir del mundo digital, sino ponerle límites. “Empecé a sentir que no hay vida real. Antes la computadora era un lugar al que uno entraba y del que salía. Ahora es al revés: nos retiramos de nuestra vida para meternos en la pantalla”, sostiene.
Su “experimento” —que ya despertó curiosidad entre familiares, amigos y seguidores— no apunta a salir del sistema, sino a revertir un desequilibrio que hoy inclina la vida hacia lo digital. “Quiero pasar más tiempo en el mundo offline que en el mundo online. Quiero invertir la balanza”, resume. Infobae