Christian Petersen compartió en sus redes una imagen que, a primera vista, parece simple, pero encierra la trama de una vida rediseñada: sus piernas enfundadas en pantalón corto negro, un par de zapatillas deportivas grises sostenidas sobre el áspero asfalto, y una flecha blanca, perfectamente delineada, que apunta hacia adelante.
Arriba, flotando sobre la imagen, una frase rotunda: “Qué sensación tan buena y tan profunda, esta de ir poco a poco”. ¿Puede una foto resumir el antes y el después de una existencia? Para Petersen, la respuesta es sí.

Porque la vida puede cambiar en un instante. Y para el chef, ese instante llegó de manera abrupta, con una hospitalización crítica que lo puso frente a la fragilidad y lo obligó a mirar, sin atajos, el abismo de la vulnerabilidad.
Atrás quedó el vértigo de la gastronomía, el show permanente de la televisión y el ruido incesante de las expectativas. La internación marcó el inicio de una profunda transformación, una que, lejos de los reflectores, se cocina a fuego lento.
Petersen lo describió sin dramatismos, pero tampoco sin pudor: “Sin voz pero por suerte en lo personal mejorando. Caminando un poco”, dijo. No hay lugar para la prisa ni para el heroísmo. La recuperación, para él, se convirtió en un trayecto que exige entereza y serenidad, en el que cada paso cuenta y cada avance es celebrado como una victoria. Infobae