Aprender a renovar la mente para renovar la vida

Aprender a renovar la mente para renovar la vida

Los seres humanos buscan como aspiración superior, renovar sus vidas, hacerla más confortable, más llevadera, cómoda y feliz. Esta es una condición unánime, legítima y universal de la vida humana.

Sin embargo, tal aspiración no se logra tan fácilmente y, prueba de ello, es el hastío con el que una gran mayoría de individuos vive su vida. Ese hastío, que proviene de la rutina y del aburrimiento, es incompatible con el deseo de renovación de la propia vida.

Por otra parte, en esa búsqueda de renovación, muchos buscan llevar adelante ciertos proyectos y aspiran a un status de consumo con la creencia de que con ello van a renovar su modo de vivir y ser más felices aún.

Es así como unos aspiran a consolidar e incrementar su posición económica, otros anhelan una posición de prestigio en lo social o laboral y otros se mudan a lugares idílicos y placenteros.

A todo esto, muchos creen que superando el estrés y elevando el actual nivel de vida, van a lograr el sueño de una vida nueva y fecunda. Y no pocos anhelan enamorarse de un ser comprensivo al que, después de cierto tiempo, abandonan con la indiferencia y la desatención.

La experiencia indica que el nivel de satisfacción y plenitud que otorga un bien, tanto en el plano de los bienes materiales y proyectos laborales o profesionales como en el campo de los vínculos y afectos, tiende a decaer por saturación y, en algunos casos, por empalagamiento y rutina.

Esto último ocurre cuando el estado mental y psico-emocional del sujeto se estanca en esa “meseta del empalagamiento” que conduce, aún en medio del confort, a una vida rutinaria que, por su condición repetitiva e inercial, genera aburrimiento y hastío.

Aparece aquí un nuevo componente de la tan anhelada renovación de la vida y que se expresa en la voluntad de renovar el estado mental y la conciencia lúcida ante el devenir de la propia vida.

En este sentido, renovar la vida no sería adquirir nuevos instrumentales de confort, sino lograr un estado de lucidez que mantenga la mente siempre ágil, activa y constructiva.

De allí que el pesimista, el insatisfecho, el depresivo, el apocado y pusilánime lograrán renovar sus vidas siempre y cuando renueven sus mentes a través de pensamientos e imágenes de confianza, de valoración personal, de entusiasmo, de aceptación de sí mismos y de nuevos estímulos para vivir.

Por eso, cuando el pesimista y quejoso, por ejemplo, acceden a bienes deseables, éstos no los sacarán de la penumbra del descontento y de la queja si no logran renovar sus mentes a través de pensamientos creativos e imágenes de confianza y esperanza en el futuro.

Esto explica por qué muchas personas sienten estímulos y son capaces de vivir con una fuerza y energía que renuevan cada día con entusiasmo, confianza y alegría sin que medien los instrumentos artificiosos de la cultura de consumo y de la industria del entretenimiento.

Poder comprender que la renovación de la vida comienza por la renovación del pensamiento, de las actitudes y de las emociones, constituye una llave de acceso para un estado de felicidad y plenitud que podrá mantenerse a través del tiempo con un entusiasmo y optimismo crecientes y sin necesidad de llegar a posesiones que con el tiempo se saturan, desgastan y envejecen por el ajetreo improductivo de la rutina.

Fuente: http://www.argenblogs.com.ar