Científicos comprobaron que el P.C.B. ya mata ballenas

Científicos comprobaron que el P.C.B. ya mata ballenas

Mientras en Madryn aún la cooperativa mantiene más de 20 generadores contaminantes. Dicen que la realidad es mucho menos sofisticada, silenciosa y cruel que lo que podía imaginar la ciencia ficción.

De hecho, no hace mucho, se dio en la ciudad un acalorado debate sobre la posible contaminación de las aguas del Golfo Nuevo, y más allá de la “polvareda” que levantaron los diferentes cruces entre actores desinteresados o no, no se llegó a profundizar en definitiva en los contenidos que podrían o no existir en las muestras de agua de nuestra apreciada costa marina, como para comenzar a evaluar efectivamente que se podría atenuar de todo lo que se observa y no tiene que ver con la pureza del agua del Océano.
Estas últimas semanas otro debate se abrió en torno a la contaminación ambiental. Esta vez vinculada en principio a potenciales artefactos utilizados en distintas zonas de la ciudad por Servicoop, conteniendo dosis no recomendadas de PCB, una sustancia ya erradicada prácticamente en todos los países del mundo por sus condiciones altamente nocivas, no degradables y rápidamente escurribles hacia lugares impensados como el mar.

Ya se ha explicado ampliamente que los PCB (bifenilos policlorados) son organohalógenos, moléculas sumamente tóxicas que se utilizan principalmente en forma de refrigerantes incorporados en los condensadores y transformadores de las subestaciones de las usinas eléctricas y tienen 209 formas de toxicidad variable.
La eliminación de estos componentes refrigerantes es muy costosa, y de hecho, si no se eliminan bien, los expertos aseguran que llegan tarde o temprano a los Océanos, sobre todo si son utilizados en zonas cercanas a los mares.

Al principio se creía que la gran masa oceánica podría disolverlos sin problema, de hecho no son solubles en agua, pero lo son en grasas y aceites. He aquí el problema.

Una historia “increíble, pero real”

Las diatomeas son los vegetales más pequeños del Océano, también los más numerosos y constituyen la mayor biomasa de plantas del Planeta Tierra.
Las diatomeas, al igual que el resto de las plantas posee aceite, una pequeña gota de aceite junto a su núcleo.

Cuando la molécula de P.C.B. se pone en contacto con la microscópica gotita de aceite de la diatomea, entra en solución inmediatamente. Puesto que la diatomea no puede descomponer la molécula de P.C.B. simplemente se limita a almacenarla. Lo demás es simplemente bioacumulación.

Paralelamente se sabe que las diatomeas son el manjar del Krill. Un organismo de krill consume al menos diez diatomeas al día, y una ballena consume millones de organismos de krill, por lo que la cuenta se hace sencilla.

Como las diatomeas conforman la base de todas las cadenas alimentarias en los océanos, todos los animales están implicados: peces, bivalbos, todo tipo de invertebrados y, por supuesto, las ballenas y los delfines, en los que es aún más letal por el efecto de bioagregación, ya que amamantan a sus crías con una leche muy rica en grasas en las que se acumulan altísimas concentraciones tóxicas.

Ya está pasando

Esto podría ser sencillamente una deducción científica si no es que ya tuviera su lamentable correlato en los hechos. En los Estados Unidos, el gobierno federal, que prohíbe la venta de cualquier alimento que contenga más de 2 partes por millón de P.C.B. y la ley establece que cualquier cosa que contenga más de 50 partes por millón se tiene que eliminar como un deshecho tóxico de alta peligrosidad, están teniendo que asimilar un duro golpe a sus al parecer superadas estrategias.

Un análisis reciente en tejidos de orcas capturadas en mar abierto, revelaron concentraciones de 400 partes por millón de P.C.B.

Y en ballenas belugas del golfo de San Lorenzo se midieron por ejemplo concentraciones de 3.200 partes por millón.

Estos animales salvajes, se convirtieron entonces en desechos tóxicos flotantes y que van apareciendo muertas en la costa sin que hasta hace muy poco se supiera concretamente las causas de esa mortandad.

En otro punto del planeta, Noruega anunció hace unos años que continuaría vendiendo carne de ballena a Japón a pesar de las restricciones de cacería, pero el arreglo falló pocos meses después, cuando los inspectores japoneses de alimentos encontraron que la grasa de las ballenas capturadas en aguas noruegas tendía a estar contaminada con PCB, un producto químico carcinógeno usado antes como lubricante y refrigerante en generadores eléctricos.

Un veneno silencioso e imperceptible

Aseguran los científicos que esto tiene que ver con que el P.C.B. provoca en todos los seres vivos marinos un efecto adverso, pero particularmente en los cetáceos produce una depresión de su sistema inmunológico que los lleva a la muerte. Algo similar a lo que conocemos como SIDA, pero disuelto en el mar, viajando en microscópicas plantas.

Desde diferentes estrados se ha coincidido en que es increíble como los seres humanos hemos logrado envenenar el mar. En tanto, encerrados en nuestra propia necedad seguimos discutiendo en foros internacionales si las ballenas pueden o no seguir siendo cazadas, avistadas, acercadas, tocadas. Cuando en realidad deberíamos estar aunando esfuerzos para encontrar un antídoto, para buscar reemplazos de nuestra tecnología que no sean tóxicos, sin que esto requiera una intimación judicial, una disputa pública y un pedido de plazos por cuestiones meramente económicas.

¿Podrá Madryn aprender de estas nefastas experiencias que viven en otras latitudes y evitar males mayores interviniendo ante las dos cosas que nosotros también tenemos: P.C.B. y ballenas? Seguramente el tiempo lo dirá.

Fuentes: Barrameda, Planeta Azul, INFAW Org.

El doctor Roger Payne lo comprobó

Según el especialista en cetáceos, el doctor Roger Payne “los repelentes para insectos y los insecticidas que se han distribuido sobre los campos de cultivo han llegado a las ballenas en el medio del océano” dijo, explicando que nada es “imposible” ni descabellado en los efectos medioambientales que produce el hombre.

El barco “Odisea”, y su tripulación han cruzado recientemente el Pacífico sacando muestras de tejidos de los cachalotes, cuya longevidad permite analizar que durante bastante tiempo los productos químicos se vienen acumulando en el tejido graso. Han colectado 1.100 muestras de tejidos, y han hecho las primeras corridas de 30 de esas muestras”. “Hemos encontrado estas sustancias presentes en cada una de las muestras, explicó Payne.

Además su estudio apunta a ser el primero de medir globalmente la contaminación en una sola especie en el tope de la cadena trófica, a pesar de que ya antes se habían descubierto altos niveles de contaminación en animales marinos.

La toxicidad del PCB está definida en la suma de 50 ppm de un animal (50 miligramos por kilo). Una serie de tests han revelado que en las orcas hay 4000 ppm, en la beluga 3.200 ppm y 6800 ppm en toninas. “Los convierte a estos animales en depósitos tóxicos que nadan”, dijo el especialista.

Contaminantes tales como PCB´s y DDT se han demostrado que inhiben el sistema inmunológico de los mamíferos, su habilidad para funcionar y para el desarrollo de sus crías.

Existe también la posibilidad de lo que él llama los “estresantes dobles”, en lo que aparentemente débiles se combinan para crear agentes que causan serios problemas, a veces mortales

Citó un estudio realizado en 2003 por la University of Pittsburgh con renacuajos de rana toro que tenían poca reacción a pesticidas y al olor de los predadores cuando expuestos a ellos en experimentos separados. Cuando lo estresantes se combinaban la mortalidad subía a las 80-90 por ciento.

Los biólogos tienen todavía que determinar si esos efectos sinergéticos se aplican a otros vertebrados, tales como las ballenas, dijo el Dr. Payne, que sugiere que una combinación de sonidos acústicos, contaminación y predación, pueden actuar como estresantes dobles.

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