La ilusión del orden

Conflictos y mediaciones de la nueva pobreza argentina. La apuesta Berni. En lo simbólico es la apertura del espacio Frente de Todos hacia sus márgenes ideológicos. Berni en la práctica es el que podría mediar la sucesión de conflictos que trae el crecimiento exponencial de la pobreza.

Es muy posible que hasta que la “Recuperación Argentina” comience, si es que ese deseo encuentra alguna vez concreción -por ahora señalo que ese anhelo sigue vivo y continúa siendo una promesa vigente que mantiene a los votantes del FdeT expectantes-, habrá que ponerse al frente de un proceso muy conflictivo que trae el dislocamiento estructural de una pobreza que crece masivamente. No hay duda que este fenómeno social tan dramático, a su vez, traerá en lo individual frustración y resentimiento. Y con ellos, una agenda endurecida.

No son fenómenos nuevos para un segmento de la población que aún tiene recuerdos del 2001. Es posible que, como entonces, se experimente algo parecido a ese desorden estructural y súbito en el que de repente la pobreza se dispara y alcanza a media sociedad. Es un conjunto muy grande. Habrá que regular y mediar en este dislocamiento, que todavía no termina de verse ni de sentirse plenamente. En el 2001 el evento que condensó ese conflicto estructural fueron los saqueos. Es posible que ese lugar lo ocupen hoy las tomas de tierras. Ya no se trata de no tener qué comer, sino de no tener dónde vivir.

Hace mucho tiempo que el segmento de clase media baja, estructuralmente muy cerca del segmento asistido por las políticas sociales, pero dispuesto a soportar el yugo laboral por casi la misma ecuación económica, necesita alguien que le reconozca sus dignidad de “ganarse lo suyo”. Y también necesita que le prometan que habrá alguien que defienda su “estilo de vida”, es decir su estilo-trabajador. Esas promesas de reconocimiento trae Berni bajo el brazo; junto con los modos castrenses.

Imaginación castrense

A veces la política encuentra métodos alternativos para empujar las ideas en la cabeza de las personas. Duhalde hace poco planteó una idea inquietante sobre el retorno del mundo militar y la interrupción institucional. Lo que hizo Duhalde fue activar la imaginación castrense.

Se podrá decir que Berni no es el tipo de militar al que refirió el exPresidente; pero es el mundo marcial lo que nos acerca. Berni es a la familia militar lo que los curas villeros son a la Iglesia. Hasta hace poco velados, los aires castrenses están siendo reavivados en la imaginación política. Duhalde los convocó y ahora la imaginación castrense y su fantasma vuelven a escena personificados como la fuerza.

En definitiva, Berni permite expresar también algo de esa simpatía hacia el mundo militar que durante muchos años se vivió vergonzantemente y en una espiral de silencio. Después de todo, hay una tradición política en el ejercicio de autoridad y el peronismo tiene en la figura del militar a su gran conductor.

“221 Bis, creo que es así…”

221 Bis es la ley que “da atribuciones al fiscal para actuar en un desalojo cuando se presenta el propietario y muestra justo título de propiedad”. Las palabras son de Berni, que no para de hablar con el Código Penal en la mano. Recita sus procedimientos consignados como un estudiante que va recordando su punteo mental en una lección oral al frente del curso. Y recordando, se hace el que duda de su recuerdo, pero transmite, verbaliza y deja constancia que lo acompaña la Constitución, el Código. Berni les restituye el valor de palabras sagradas.

En él, la Constitución -o cualquier forma de palabra escrita- aparece más como la consecución de la justicia intuitiva (la que se pone en lugar del laburante) que como el mundo de puros derechos y garantías que asiste a los no-laburantes.

Estamos ante una figura bifronte, ya conocida. En una mano tiene la letra escrita, en la otra tiene la espada. Curiosidades de Berni, que hablando con la Letra Escrita en una mano, esta se vea fuera de foco y se ilumine el filo del arma. La voz de Berni dice “con la Ley y tal como manda la Constitución” -soy un soldado de la democracia-, y sin embargo transmite algo de la vocación por perseguir delincuentes. En el marco de la Ley, ciertamente, criticando la Doctrina Chocobar, pero persiguiendo y castigando las faltas como guía de la acción práctica.

En otro sentido, pero igualmente compleja y bifronte es la silueta que se dibuja a partir del textual de la compañera de Berni que Mauro Federico vuelca en una nota en Puente Aéreo: “Una vez un com­pa­ñe­ro lo de­fi­nió como un Sa­mu­rai, se lo ima­gi­na­ba en esa Pa­ta­go­nia aus­tral, en don­de Ser­gio vi­vía, sen­ta­do fren­te a la ima­gen de la con­fluen­cia de los dos océa­nos, y de­cía que solo con el es­pí­ri­tu entre­na­do de un Sa­mu­rai po­día ver esa con­fluen­cia, con la paz de un sa­bio que in­ter­pre­ta y con­vi­ve con las ten­sio­nes na­tu­ra­les”.

Pivoteando en esta dualidad, y conviviendo con las tensiones naturales y naturalizadas, Berni se va convirtiendo, de a poco, en la plegaria atendida de la seguridad y el orden.

Transmite también un apego fuerte por el verticalismo. Berni siempre ha reconocido jefa política y esa es Cristina. Así que aunque no de arriba para abajo y sí más ciertamente de abajo para arriba, Berni se filia con Cristina y se reivindica como soldado K. Cosa curiosa de los últimos días de agosto: mientras Él crece, Ella decrece.

Yo soy mi contrario

Que un espacio político contenga su contrario dentro suyo (porque Berni tiene algo de “todo lo contrario” de esto) es un activo rara avis. No es y no podría ser un fenómeno armado únicamente. Acá hay materia prima. Hay elementos naturales, vínculo con el ojo de la cámara. Hay pensamiento sobre una forma de ser y de comunicar. Algo de todo esto es también Berni. Trabajador incansable y sufrido. Podría imaginarse a Berni levantarse a las 5 de la mañana y darse una ducha de agua helada. Para despabilarse, y entrar en acción rápido. Porque Berni es tanto una película de acción ininterrumpida como el emparentamiento con el ciudadano común en esos horarios de la madrugada en los que arrancan los desposeídos.

Como “todo lo contrario”, Berni es la expresión hoy más genuina de las diferencias internas del FdT. Y como tal, junto a Massa, son las principales figuras que aportan espesor y diferencias dentro de la coalición de gobierno. Le habla a un público nuevo, que no necesita guiño político sino coincidencias en las formas de entender el mundo. Constituye, por eso, la oferta más desigual e inesperada de su espacio.

Acertijos

¿No habrá complementariedad entre los atributos de Berni y las falencias del habitante del entorno medio bajo del conurbano? Berni ofrece la proyección del Supermacho, casi en una narrativa mítica que nos lleva a valorar la fuerza física. Hay imagen de potencia y transmisión de idea de futuro. Es uno que abre futuro.  Y también transmite la imagen de un hombre en simultáneo común y distinguido. La combinación del máximo poder y la máxima sencillez.

Lo que Berni ofrece es todo aquello que el ciudadano medio, impotente ante una escena adversa, carece. Berni es potencia en acto y se yergue ante un ciudadano debilitado y amedrentado, atravesado por el triple miedo a contagiarse, empobrecerse y a ser víctima de la seguridad. Esta complementariedad muestra que Berni se construye su liderazgo desde la diferencia y no desde la cercanía.

Tres Bernis de colección

Si Berni tuviera su muñeco al estilo Kent, sería muy fácil presentar tres modelos arquetípicos. Berni civil, de jeans . Berni de fajina, camuflado. Berni el político, de traje azul, camisa blanca y corbata roja –a riesgo de confundirse con un bancario de los años 80-.

El primer Berni, el de jeans y camisa, es el que se parece al hombre de edad intermedia del conurbano cuando se arregla para llevar a la familia a Mac Donalds. Es un hombre silvestre, incluso un poco anticuado, que activa la idea de todo tiempo pasado fue mejor y cuya vestimenta evoca esas ideas nostálgicas.

El segundo Berni es el héroe, el distinto, la máxima distancia con el ciudadano medio. El potente. El supermacho. El que no tiene incertezas. Es el traje que explica el fenómeno Berni desde la lucha contra la inseguridad.

El tercer Berni, el político y abogado, se muestra de traje. Es el Berni interfaz. El de la política como mediación ante las necesidades. Un traje es un poder. El que está de traje es que resuelve problemas. El traje es al tiempo máxima distancia y máxima cercanía. El traje de tres botones es el símbolo de la mediación política. El que tiene traje, manda. ¿Se lo dirá a Axel?

Le diría que nunca debemos dejar de ser nosotros mismos

Le diría que nunca debemos dejar de ser nosotros mismos. Y mucho menos debe dejar aquel que es singular y tiene la fortuna de la distinción. Berni está tocado, tiene estrella o es fuera de serie. Esto es algo de lo que no se suele hablar, o al menos no se habla desde la época de Menem, en la que el vínculo entre el pensamiento mágico y la política todavía estaba vivo.

Probablemente dé pelea; electoralmente hablando. Porque en lo simbólico y en lo práctico tiene algo que ofrecer. Y también porque sabe que de la urnas proviene una legitimidad que Berni respeta. Por eso, es posible que camine esa zona de fuerte ambigüedad de buscar las urnas haciendo espacio al reclamo securitario que desvela a la provincia, el reclamo que se enuncia del modo menos democrático. Al menos, y por ahora nadie más que él puede hacerlo, puede transmitir ese mensaje de guerra al delito.

En lo simbólico Berni lo cumple todo. Es probable que las tomas de tierra sean su examen material para contrastar las ilusiones que activa contra la dura realidad. Por ahora, a ese Berni, le regalaron, con el Plan de Seguridad, una vidriera para lucirse.

 

Por Ricardo Contreras

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