Racismo y Capitalismo. Los claroscuros de la historia de Estados Unidos

Hace casi una semana, una imagen detonó la furia de millones de estadounidenses. En ella, aparecía un hombre afroamericano esposado, boca abajo en el asfalto, y con la rodilla de un policía clavada en su cuello.

El ciudadano arrestado era George Floyd. Y la grabación de su detención, que ocurrió el 25 de mayo en Minneapolis, dio la vuelta al mundo.

Durante más de ocho minutos, el agente Derek Chauvin, presionó con su pierna el cuello del afroamericano, que, inmóvil, luchaba por inhalar bocanadas de aire.

Las súplicas no sirvieron de nada. Y tampoco los reproches de los testigos, que intentaron ayudar al hombre arrestado. La Policía de Minneapolis llamó a una ambulancia, y todo lo que se sabe es que cuando llegaron los paramédicos, la víctima ya había perdido el conocimiento.

Desde que se publicó en redes sociales la grabación, se despertó la indignación de una marea de manifestantes, que todavía hoy se niegan a abandonar las calles. Las protestas por el asesinato del hombre de 46 años se propagaron por todo el país presidido por Donald Trump.

Así fue como el video de la detención de Floyd se convirtió en un símbolo contra el racismo en EEUU.

Sin embargo, traigamos hechos fácticos para revalidar la sospecha del ostracismo contra la raza negra.

¿Emily tiene más posibilidades estudio de ser empleada que Lakisha?

Los economistas Marianne Bertrand y Sendhil Mullainathan contestaron a más de 1300 anuncios de solicitud de ayuda publicados en periódicos de Boston y Chicago, enviando aproximadamente 5000 currículos falsos. La mitad de estos llevaban nombres que son comunes en las comunidades afroestadounidenses, como Lakisha Washington o Jamal Jones. La otra mitad llevaba nombres que son más comunes entre la población blanca, como Emily Walsh y Greg Baker.

Los investigadores encontraron grandes diferencias en la forma en la que los empleadores respondieron a los dos grupos de currículos. Las personas que solicitaron el trabajo con un nombre de gente blanca recibieron alrededor de 50% más de llamadas de empleadores interesados que los solicitantes con nombres afroestadounidenses.

El estudio reveló que esta clase de discriminación sucedió con todo tipos de empleadores. Los investigadores concluyeron que «la discriminación racial todavía es una característica prominente del mercado de trabajo».

La segregación en los tranvías.

A principios del siglo xx existía la segregación racial en los tranvías de muchas ciudades sureñas de Estados Unidos. Los pasajeros blancos se sentaban en la parte delantera y los negros en la parte posterior.

Por otra parte, las empresas que operaban los tranvías a menudo se oponían a las leyes que requerían la segregación racial. La distribución de los asientos por razas incrementaba los costos de las empresas y reducía su ganancia. Un directivo de una de las empresas de tranvías se quejaba ante el ayuntamiento:

«La compañía ferroviaria no inició la política de segregación y no tenía el menor deseo de acatar. Fueron necesarias la legislación por parte del Estado, la agitación pública y la amenaza de arresto del presidente de la empresa para inducirla a separar las razas dentro de sus vagones. No existe ninguna indicación de que la gerencia actuara motivada por alguna creencia en los derechos civiles o en la igualdad racial. La evidencia indica que los motivos eran principalmente de indole económica: la separación era costosa… A los funcionarios de la empresa les podía o no agradar los negros, pero no estaban dispuestos a renunciar a las ganancias para ceder ante esos prejuicios.

La historia de los tranvías sureños ilustra una lección general: los empresarios normalmente tienen un mayor interés en obtener una ganancia que en discriminar a un determinado grupo. En este caso en particular, las empresas de tranvías segregaban a los blancos y a los negros porque la legislación discriminatoria, a la cual se oponían, los obligaba.

A forma de reflexión personal:

El racismo existía antes del coronavirus y existirá después, es imperativo que como sociedad reflexionemos sobre sus consecuencias. La lucha debe alcanzar un compromiso político y social similar al mostrado para combatir el covid-19. Porque si hay una similitud entre el racismo y este virus, es que mientras este último afecta a todos por igual, el racismo engloba principalmente a los discriminados, pero también a aquellos que no lo viven y prefieren mirar a otro lado.


Por Julián Etchande (@julianetchande)