Elaboran protocolos para usar el plasma de pacientes recuperados en el tratamiento de casos severos de COVID-19

 

Un grupo de más de sesenta profesionales -la mayor parte argentinos, algunos de los cuales residen en Estados Unidos- autodenominado CPC-19 (Convalescent Plasma COVID-19) trabaja actualmente ad honorem, bajo la coordinación de Laura Bover -investigadora del M.D. Anderson Cancer Center de Houston (Texas, Estados Unidos)- en la elaboración de protocolos de emergencia para la utilización de plasma de pacientes recuperados de la infección por el Coronavirus SARS–CoV-2, que sea rico en anticuerpos específicos, en el tratamiento de casos severos de COVID-19, que no respondan a las terapias aprobadas por el Ministerio de Salud de la República Argentina.

Esta estrategia terapéutica ya fue usada en la Argentina y en el mundo frente a otras pandemias (en algunos casos con mucho éxito) y ya está siendo utilizada en países como China, Estados Unidos e Italia para tratar casos de COVID-19. Del grupo participan expertos en diversas áreas de la ciencia y la medicina como bioquímicos, hemoterapeutas, infectólogos, virólogos, epidemiólogos e inmunólogos, pero también, por ejemplo, abogados que asesoran sobre cuestiones legales a la hora de armar los protocolos.

Desde el 13 de abril se puede descargar a través de la flamante página web del grupo, tanto el protocolo de donación de plasma de convaleciente (tal como se denomina al plasma de los pacientes recuperados) como el de transfusión del plasma para su uso clínico de excepción en pacientes con un cuadro severo de enfermedad. Dichos protocolos, así como el consentimiento informado que deberán firmar los pacientes que recibirán tratamiento, fueron enviados el martes 14 de abril, a la Dirección de Sangre y Hemoderivados (DSH) dependiente del Ministerio de Salud de la Nación. “Desde allí, esperamos que se impartan las normativas que permitan su aplicación en los diferentes centros de salud que accedan a ellos” explica Bover. Esto permitirá organizar la logística en las instituciones, adecuando los protocolos y sometiéndolos a evaluación de los Comités de ética, para luego conseguir las aprobaciones de los entes reguladores pertinentes y así orquestar su aplicación.

“Para ese trabajo tomamos como punto de partida los protocolos que generosamente hizo públicos el Dr. Arturo Casadevall, médico e investigador de la Johns Hopkins University (Baltimore, Estados Unidos)”, señala Bover, quien formó parte del CONICET entre 1979 y 2002.

El protocolo de donación establece que ésta se haga a través de lo que se conoce como plasmaféresis, una tecnología que permite extraer sangre y aislar el plasma (parte soluble de la sangre) de las células, para devolver estas últimas al donante. De esta forma, el paciente convaleciente no ve disminuida la cantidad de glóbulos blancos y glóbulos rojos presentes en su organismo.

Anticuerpos del plasma de convaleciente

“Alrededor de una semana, o un poco más, después de haberse infectado con el SARS-CoV-2, el sistema inmunológico de una persona empieza a desarrollar anticuerpos que tienen la función, entre otras, de bloquear el ingreso del virus a las células y, finalmente, eliminarlo. Una vez recuperada de la infección, pese a ya no tener más el patógeno en su organismo, esa persona puede continuar teniendo en la sangre los anticuerpos específicos para neutralizarlo. Ese plasma puede ser usado para hacer transfusiones a pacientes que se encuentran en estado crítico y que no responden a otros tratamientos”, explica Gabriel Rabinovich, investigador del CONICET en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME, CONICET), especialista en inmunología e integrante del grupo conductor de CPC-19.

De acuerdo con el protocolo de donación, para asegurarse que una persona que tuvo COVID-19 está recuperada, tiene que tener dos resultados negativos consecutivos en el testeo por retrotranscripción seguida por reacción en cadena de la polimerasa (RT-PCR, por sus siglas en inglés), la técnica de diagnóstico molecular validada que usan el ANLIS/Malbrán y los laboratorios descentralizados.

Luego, para saber si el plasma de ese potencial donante puede ser útil para un tratamiento terapéutico, inicialmente hay que asegurarse que efectivamente tenga anticuerpos específicos contra el SARS-CoV-2, algo que se puede conocer mediante los kits de diagnóstico rápido que, bajo el formato de tiras reactivas, funcionan de forma similar a las pruebas de embarazo. Esta prueba podría sumarse a los estudios de aptitud previos que se realizan a cualquier potencial donante de sangre. Gabriel Rabinovich trabaja junto a Jorge Geffner, Investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, CONICET-UBA), intentando identificar cuáles son los mejores tests disponibles en el mundo para determinar esos valores.

Una vez que se sabe que un plasma contiene anticuerpos específicos, hay que asegurarse que supere en cantidad un determinado umbral, dado que si el nivel de anticuerpos es bajo lo más probable es que no sea efectivo. En este momento, Andrea Gamarnik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET- Fundación Instituto Leloir) y también parte de CPC-19, trabaja junto a su equipo en la puesta a punto de un test que permita titular (es decir, cuantificar), la cantidad de anticuerpos específicos para SARS-CoV-2 presentes en el plasma. El principio de funcionamiento de estos tests es el mismo que el de los kits de diagnóstico rápido pero permite obtener una información mucho más precisa.

Finalmente, se realiza un test de neutralización que permite evaluar si esos anticuerpos sirven efectivamente para bloquear al virus. “Hay casos en los que un plasma de convaleciente puede tener un alto título de anticuerpos específicos contra una infección, pero que sin embargo, estos no sean neutralizantes, por eso sería importante, si fuese posible, hacer testeos antes de aplicarlo en paciente críticos a modo terapéutico”, señala Rabinovich.

Para los testeos de neutralización, se puede trabajar con el virus vivo -sólo en caso de contar en los laboratorios con áreas de bioseguridad de nivel 3 o más. Alternativamente, pueden utilizarse pseudovirus o virus pseudotipados, que son partículas virales inocuas (es decir que no poseen capacidad de replicación e infección) por no poseer material genético, pero que expresan la proteína de la “corona” viral, la cual le permite al virus interactuar con las células del organismo e inducir, por ejemplo, daño pulmonar. Los anticuerpos neutralizantes impedirán esa interacción. Estos ensayos pueden realizarse en cabinas de bioseguridad de nivel 2, que casi todos los laboratorios poseen.

“En este momento, una parte del grupo trabaja en la puesta a punto de los testeos de pseudo-neutralización, dado que son muy pocos en Argentina los laboratorios que cuentan con los requerimientos de bioseguridad suficientes para utilizar virus vivos”, explica Bover.

“Creemos que mientras no existan drogas efectivas para combatir el COVID-19 ni una vacuna para prevenirlo, la transfusión de plasma convaleciente, con alto título de anticuerpos neutralizantes, a pacientes en estado crítico que no responden a otros tratamientos puede ser una alternativa terapéutica valida”, concluye Rabinovich.

Para obtener más información o descargar los protocolos haga click en el link https://www.groupcpc-19.com/

Fuente: (Prensa Conicet)

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